martes, 21 de abril de 2009

MARÍA AUXILIADORA EN EL MUNDO 17- RABAT- MARRUECOS








Un salesiano dirige un colegio católico en KenitraEl 11 de marzo de 1937, dos valientes salesianos, provenientes de Argelia, llegaban a Marruecos, a la ciudad de Port Lyautey (hoy llamada Kenitra, después de haber recuperado su nombre original). El obispo vicario apostólico de Rabat había encargado a la Congregación Salesiana la responsabilidad de la parroquia de esta nueva pero ya floreciente ciudad, fundada por el Mariscal Lyautey en 1912.

Don Bosco, sus hijos y su estilo

El P. León Beissière, que había conocido personalmente a Don Bosco y que había hecho su profesión religiosa ante él, llegaba acompañado por el Sr. Dominique Mullas. Al día siguiente se les añadió el P. Lorenzo Boggy, que ya trabajaba en Casablanca.

Como buenos salesianos, no se contentaron con animar la parroquia, sino que quisieron completarla con las obras educativas características de la Congregación. Es así como el Sr. Mullas puso en marcha enseguida el oratorio, llamándolo "Joyeuse Union de Port Lyauteu" (JUPL) (significa "Alegre Unión", recordando la "Sociedad de la Alegría" del joven Juan Bosco). Por su parte, el P. Beissière ya traía in mente la fundación de una escuela. No tardó mucho en pasar del pensar al hacer, porque en octubre del mismo año comenzaron las clases de la que, con el tiempo, se llamó "Ecole Don Bosco", escuela que sigue vigente y que va a celebrar sus 70 años de existencia.
De los hijos de los colonos a los niños marroquíes

En un principio, la escuela funcionó para los hijos de los numerosos europeos que poblaban la ciudad (franceses, españoles, portugueses, italianos...), pero tras la independencia de Marruecos (1956), éstos comenzaron a partir para sus países de origen.

La escuela, primero tímidamente y luego a brazos abiertos, fue abriéndose a los niños marroquíes. Actualmente -curso 2006-2007- los alumnos son 640, todos de Marruecos, todos musulmanes. Pueblan 24 clases de los seis niveles de primaria. A cargo de esta bandada de niños está una treintena de profesores, también todos musulmanes, así como los padres de familia. En resumen y para reír un poco, que en la escuela sólo hay dos católicos: la escuela y yo, que soy salesiano y trabajo en ella como director desde hace cuatro años.

De ahí la pregunta que muchos me hacen: ¿cómo puede funcionar una escuela católica en un país musulmán, y más todavía con alumnos, profesores y padres musulmanes? Es la pregunta a la que voy a intentar responder.

Ante todo, un proyecto educativo
La Escuela Don Bosco de Kenitra, como las otras 14 escuelas católicas de Marruecos, tiene un proyecto educativo que fue elaborado por los directores de todas esas escuelas (menos de la mitad de ellos son cristianos). Cuando me cupo la oportunidad de leer dicho proyecto, yo me dije: "Pero esto es puro evangelio..." Y es cierto: aún sin citarlo, los valores del Evangelio están plenamente recogidos y reflejados en el proyecto educativo del ECAM (Enseignement Catholique au Maroc). Y los musulmanes, cuando lo leen, dicen también: "Esto responde a nuestra religión".

Así es que cristianos y musulmanes nos sentimos unidos en el trabajo educativo por un mismo proyecto, el cual nos compromete a educar a nuestros alumnos como "artífices de paz", como "personas solidarias y abiertas a los demás", "respetuosos de la verdad y defensores de la libertad", y a edificar juntos una comunidad educativa donde reine el amor, el espíritu de familia, el respeto mutuo...

¿Cómo funciona todo?

Yo diría que muy normalmente. Somos una escuela marroquí, que sigue los programas del Ministerio de Educación, pero con un estilo propio. Los niños son bilingües: hablan bien el árabe y el francés. Cada mañana tenemos los tradicionales "Buenos días" salesianos (que, en origen, eran "Buenas noches"), momento educativo fundamental para dirigir la escuela y crear un ambiente. ¿Se reza en la escuela? Claro: cada viernes un alumno recita el Corán y todos escuchamos en silencio respetuoso. Dios está muy presente en la vida de la escuela. En uno de los muros del patio hemos escrito: "Pongamos nuestra confianza en Dios y vayamos adelante", una frase... de Don Bosco. Un gran poster suyo nos preside; celebramos su fiesta. Los niños conocen su historia y los profesores han podido formarse en la pedagogía salesiana; doy fe de que intentan llevarla a la práctica, con un éxito más que notable.

Los niños son como en todas partes: niños, traviesos, activos... Si en algo destacan es en ser cariñosos y apegados a su escuela; vienen muy contentos a ella, no sólo los días de clase sino también los miércoles por la tarde y los sábados, para participar de las numerosas actividades parascolares que la escuela pone a su disposición: deporte, coral, astronomía, huerta escolar, danza, curso de español, periodismo...

Para los padres funciona una "Escuela de Padres", además de las reuniones informativas y de organización. Ellos participan también en la vida de la comunidad educativa de diferentes maneras: delegados de nivel, responsables de actividades, "buenos días"... Y la organización de los antiguos alumnos está en marcha.

En fin, que se dan todos los elementos que una escuela salesiana debe tener.
La pregunta del millón

Ya, ya, ya la escucho... Seguro que más de uno está diciendo y preguntándome: "Pero bueno, ¿y los resultados?; ¿se "convierten" o no?

¡Claro que se convierten! Yo he visto muchos niños perdonándose los unos a los otros; he visto algunos que era irresponsables y ahora son responsables; niños y niñas que cada día abren más su corazón a los necesitados; personas para las que Dios contaba poco y ahora es importante es sus vidas... ¿No es esto convertirse? ¿Acaso convertirse no consiste en "darse la vuelta" cuando estamos de espaldas a Dios y a nuestros hermanos?

Pero claro, si por conversión entendemos "cambio de religión", entonces, no. Ni lo pretendemos. No es nuestro objetivo que ellos dejen de ser lo que son, sino construir junto con ellos el Reino de Dios, es decir, hacer que Dios reine en esta tierra y en esta sociedad. Y Dios reina cuando reina la paz, la justicia, la libertad, el amor, la vida, la verdad. A nosotros nos toca ser signos y portadores del amor de Dios, de su ternura y de su misericordia, para aquellos con quienes nos encontramos. El resto lo hará Dios cuando y como Él quiera.

En conclusión

Creo, humildemente, que Don Bosco debe estar contento -y hasta orgulloso- de esta escuela que lleva su nombre. Sentimos su presencia y su ayuda, que nos acercan a Dios. Somos un testimonio concreto de que vivir y trabajar juntos, aún siendo de religiones y culturas diferentes, es posible; no sólo posible, sino hermoso y productivo. A quienes hablan de "guerra de civilizaciones", les ofrecemos este nuestro pequeño pero significativo ejemplo de diálogo y de fraternidad.

1 comentario:

Felipe GLEZLUGO dijo...

COMO PODEMOS CONTACTAR DIRECTAMENTE LA ESCUELA SALESIANA EN RABAT?

gracias