viernes, 13 de noviembre de 2009

ARCOIRIS



TÙ,DIOS,formaste,al crear
del universo el palacio,
con un suspiro el espacio,
con una lagrima el mar:
Tù querièndonos probar
que quien te adora te alcanza,
como señal de bonanza,
has dibujado en el cielo
la aurora,que es el consuelo,
y el iris ,que es la esperanza.

Josè Velarde

DÌSTICOS



¡ Ser en la montaña un eco
para el silbo del pastor !

¡ Ser tierra para la lluvia!
¡ Ser amor para el amor !

Ser para todos sonrisa..
para mì solo, dolor.

Josè Marìa Pemaàn

viernes, 6 de noviembre de 2009

TAPIAS CON ROSAS



Tapias con rosas,poesía pura
de estos claros puebluscos tumultuosos,
AGOBIADOS DE FLORES Y DE TIEMPO:
OS VAIS EN ROSAS FRAGILES Y HUMILDES
COMO MI CORAZON, EN CLAROS VERSOS.
ALFREDO R. BUFANO

¡LIBRE!



Màs quiere el ruiseñor su pobre nido
de plumas y leves pajas,más sus quejas
en el monte respuesto y escondido,
que agradar lisonjero las orejas
de algùn prìcipe insigne, aprisionado
en el metal de las doradas rejas.
ANDRÈS FERNANDEZ DE ANDRADA

domingo, 1 de noviembre de 2009

LLORAR Y REZAR


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Podemos ignorarla. No hablar de ella. Vivir intensamente cada día y olvidarnos de todo lo demás. Pero no lo podemos evitar. Tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrebatándonos a nuestros seres más queridos.

¿Cómo reaccionar ante ese accidente que se nos lleva para siempre a nuestro hijo? ¿Qué actitud adoptar ante la agonía del esposo que nos dice su último adiós? ¿Qué hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y personas queridas?

La muerte es como una puerta que traspasa cada persona a solas. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio. ¿Cómo vivir esa experiencia de impotencia, desconcierto y pena inmensa?

No es fácil. Durante estos años hemos ido cambiando mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más vulnerables. Más escépticos, pero también más necesitados. Sabemos mejor que nunca que no podemos darnos a nosotros mismos todo lo que en el fondo anhela el ser humano.

Por eso quiero recordar, precisamente en esta sociedad, unas palabras de Jesús que sólo pueden resonar en nosotros, si somos capaces de abrirnos con humildad al misterio último que nos envuelve a todos: «No se turbe vuestro corazón. Creed en Dios. Creed también en mí».

Creo que casi todos, creyentes, poco creyentes, menos creyentes o malos creyentes, podemos hacer dos cosas ante la muerte: llorar y rezar. Cada uno y cada una, desde su pequeña fe. Una fe convencida o una fe vacilante y casi apagada. Nosotros tenemos muchos problemas con nuestra fe, pero Dios no tiene problema alguno para entender nuestra impotencia y conocer lo que hay en el fondo de nuestro corazón.

Cuando tomo parte en un funeral, suelo pensar que, seguramente, los que nos reunimos allí, convocados por la muerte de un ser querido, podemos decirle así: «Estamos aquí porque te seguimos queriendo, pero ahora no sabemos qué hacer por ti. Nuestra fe es pequeña y débil. Te confiamos al misterio de la Bondad de Dios. Él es para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Sé feliz. Dios te quiere como nosotros no hemos sabido quererte. Te dejamos en sus manos.

José Antonio Pagola

¡EL HAMBRE NO PUEDE ESPERAR!


El hambre no puede esperar

Nos parece algo increíble y escandaloso. Pero la realidad de esas poblaciones hambrientas es algo incuestionable. Hombres y mujeres que carecen de algo tan fundamental como es la comida necesaria para subsistir. Sobrecoge la realidad de esas personas, y nos enerva hasta la rebeldía el pensar que puedan darse situaciones en las que se llega a morir por falta de alimento. Y todavía hay más, porque el hambre lleva consigo otras muchas y terribles desgracias, como son las enfermedades, la carencia de vivienda, de trabajo, de educación...

Todo ello constituye una vergonzosa agresión a la misma dignidad de la persona, que se ve condenada a vivir en un terrible grado de indigencia. También, y hay que subrayarlo, es un delito contra la justicia y un condenable atentado a la fraternidad universal. ¿Todo ello puede quedar impune? ¿Quiénes son los culpables?

Si buscamos las causas que han conducido al hombre a esta situación, enseguida encontramos conductas tan execrables como el acaparamiento de los bienes de este mundo por unos pocos, la corrupción de muchos, el posible desinterés e irresponsabilidad de casi todos.

Manos Unidas, no quiere conformarse ni con el lamento ni con las acusaciones. Se acerca a los necesitados y se pone a su lado para ayudarles a resolver los problemas o, al menos, para paliarlos en la medida de lo posible. Si denuncia, lo hace en el convencimiento de que pueden cambiar las actitudes y, con la colaboración de todos, el hambre en el mundo puede desaparecer.

Manos Unidas mira a las personas y ve lo que necesitan. Se buscan recursos, se hacen campañas de sensibilización y conocimiento de los problemas, se estudian y ponen en ejecución los proyectos adecuados, no sólo para resolver el problema inmediato, sino para lograr que esas personas, necesitadas hoy, puedan ganarse y disponer de los recursos suficientes para tener la comida de cada día, el servicio sanitario, la escuela, la vivienda y el trabajo.

Manos Unidas lucha contra el hambre en el mundo, pero lo hace de una manera abiertamente positiva: ver el problema y tratar de resolverlo. Ahí está ese importante número de proyectos de ayuda que se realizan cada año. Es una acción comunitaria, con sentido de fraternidad, haciendo causa común con los que tienen y pueden dar y con los que carecen de todo.

Es una obra incuestionablemente cristiana. Cristo se ha unido, con su encarnación, a todos los hombres y mujeres del mundo. El amor de Cristo no puede dejarnos indiferentes ante la penuria extrema de muchos hermanos. Por otra parte, también resuenan en nuestra conciencia las palabras de San Juan: "Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?" (1Jn. 3, 17).

Todas las palabras se quedan cortas para poder agradecer a nuestra Delegación Diocesana de Manos Unidas todo el incansable trabajo, el buen espíritu y la eficacia con que realizan su labor. Que Dios se lo pague siempre.

Con mi bendición,

+ Carlos, Cardenal Amigo Vallejo
Arzobispo de Sevilla

EL HERMANO DEL SOL




Aquel que respiraba castillos en el aire,
porque èl mismo se erguìa sobre su corazòn,
hoy desanda el camino con su antiguo donaire,
y siente, màs que nunca, que es hermano sol.

Un dìa- ¡oh, què lejano!,¡oh,què añorado dìa!
a la hora del alba la aventura emprendiò;
y al ver còmo en su frente la luz del sol ardìa,
la brisa surrusaba: " Es hermano sol".

Otro dìa-¡oh, què dìa:dorado,azul y santo!
al verdor de una cima su espìritu escaló;
y, como en ese instante el sol brillaba tanto,
los montes susurraron: "Es hermano sol".

Pero otro día-¡oh día de lúgubre memorial!
cuando el sol expiraba detrás de un farallón,
al ver en su semblante la lividez mortuoria,
los hombres susurraron: " Es hermano del sol".

Y aunque ya no respire castillos en el aire,
aunque ya no se yerga sobre su corazón,
èl desanda el camino con su antiguo donaire,
porque, también mañana, ¡será hermano sol!.

Luis ÁNGEL Casas

" De acuerdo con su promesa,esperamos
un cielo nuevo y una tierra nueva en
los que habitará la justicia"
(2 Pe 3, 13)